Escrito por: LUIS MANUEL TOLMOS el 12 Sep 2007 - URL Permanente
Esto no pretende ser la serie de películas de Rocky Balboa, pero me ha sorprendido la cantidad de visitas que ha tenido este post , en relación a los demás. Por ese motivo voy a lanzar algunas ideas que publicaré actualizadamente para generar nuevos modelos de negocio basados, en definitiva en el talento de las personas aprovechando Internet, usando como herramienta la propiedad intelectual, aunque es un término mal acuñado -ya explicaré en otros post, por qué no debe llamarse propiedad intelectual-.
Pues en esta entrega me voy a basar en la historia de un pequeño profesor. Por comenzar adecuadamente, vamos a decir:
“Erase una vez, un hombre de pequeño tamaño que dedicó los principales años de su vida a formarse y a investigar sobre las plantas, realmente su verdadera formación era la de jurista, habiendo estudiado en la Universidad Complutense sin embargo tenía una pasión que no dejó de lado y en paralelo le dio por formarse en todos los pormenores del mundo de las plantas…. Así, decidió formar parte de los guías del Jardín Botánico, de manera que pasando las pruebas iniciales aprobó los exámenes pertinentes y se incorporó a trabajar para seguir pagando sus estudios de Derecho. Con el paso de los años, a medida que explicaba a los grupos de visitantes los rincones mágicos del Jardín así como los beneficios y utilidades de las plantas, fue recibiendo felicitaciones y en consecuencia le fueron asignadas más y más visitas guiadas de todo tipo de edades y profesiones, desde biólogos e incluso hasta a abogados…
Un día, tras varios años dedicado a estudiar sobre las utilidades e historia delas plantas, se dio cuenta que podían ayudar a muchas personas, no solo por los beneficios medicinales, sino por otras utilidades de mayor alcance, como la de crear un círculo de relaciones personales que ampliaba poco a poco su conocimiento sobre el mundo de las plantas. Así comprendió que determinados grupos de visitantes, a medida que compartían el conocimiento que aportaba en sus explicaciones, se generaba un debate que incluso él reutilizaba para la siguiente visita, de modo que se generaban unos lazos de conocimiento entre el pequeño profesor y los grupos. Comprendió también que las plantas eran una fuente de hacer dinero, porque lograba unir a gente y ampliar el círculo de relaciones y esas mismas personas a veces usaban las plantas como distracción, para evadirse o para tener un simple entretenimiento al que dedicarle cariño.
El pequeño profesor, terminó sus estudios de Derecho en un punto que le permitiera ir especializándose en otras materias como la propiedad intelectual.
Pasados unos años dedicado a la propiedad intelectual, vio la importancia de compartir el conocimiento para extender la cultura y con ello recordó su época de guía del Jardín Botánico, donde hacer felices a otras personas alimentando sus aficiones, en ese caso la jardinería, era una realidad.
Pensó el pequeño profesor, que lo mejor sería vender libros dedicados a la jardinería… así publicó mediante una editorial un libro a un precio más bien asequible, pero fue descargado y plagiado por cientos de páginas de internet, lo cual le destrozó la primera inversión en la edición del libro. Como consecuencia la editorial le dijo que no le era rentable y le dejó.
Sin embargo, ese problema ya existía en el mercado y pensó en la potencialidad de la red, de Internet, para extender el conocimiento y compartirlo. En ese proceso decidió escribir los mejores consejos y utilidades que había recogido durante años sobre las plantas, en base a su experiencia y a la de otras personas que le acompañaron por esos caminos de estilo romántico como el del plano de la flor, con las glicinias enredadas entre los hierros forjados…
La primera edición de ese libro decidió no venderla sino regalarla por Internet, con un valor añadido, poder profundizar en el contenido de manera personal en una visita guiada a los jardines y montes más espectaculares, de esa manera los clientes se descargaban el libro y el pequeño profesor fijaba a un precio adecuado un día en un lugar de la sierra de Madrid, Segovia, y así por toda España para poder explicar a sus lectores la experiencia de cuidar y ver crecer a las plantas y ver esas utilidades como el carboncillo extraído del Brezo o lo que significa meterse un atracón de madroños en una tarde de verano…, mientras que el pequeño profesor se dio cuenta de que disfrutaban sus visitantes por las propias relaciones que se establecían y de la manera más dinámica de participar entre ellos compartiendo su conocimiento y experiencia sobre las plantas.
El pequeño profesor, recibió cientos de reservas y con ello fue creciendo su empresa y fue llamado para dar conferencias y charlas por asociaciones, universidades y colegios… hoy, ese profesor tiene un canal de Televisión por Internet patrocinado por viveros y empresas del sector, que potencian esa empresa que un día nació por no comprender el buen uso de la propiedad intelectual.